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¡Ahora es cuando!

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Se acabaron las vacaciones… ¡Llega el momento de viajar! La propuesta debe resultarles de lo más extraña, pues las convenciones y la práctica dictan justo lo contrario; es en los periodos vacacionales cuando tenemos el tiempo libre indispensable para viajar.

Sin embargo, las temporadas en las que buena parte de la población tiene días de asueto, como las vacaciones de verano que recién terminaron, no son la época ideal para visitar esos destinos con los que tanto hemos soñado. Hay dos razones fundamentales para argumentar lo anterior: los costos de los servicios turísticos y la calidad del viaje.

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Es bien sabido que los meses de verano, el fin de año y la Semana Santa son temporadas altas en la industria turística. Esto significa que hay un incremento en la demanda de servicios y en consecuencia, se elevan los precios. Cualquier habitación de hotel, recorrido turístico o pasaje aéreo será más caro en temporada alta (quizá la única excepción sean los vuelos VivaAerobus, que logran brindar precios accesibles en cualquier época del año).

El incremento en la demanda de los servicios también repercute en la calidad de los mismos. Hoy en día, el mercado del turismo es uno de los más competidos y todas las personas que participan en él se esfuerzan por desempeñar su trabajo de la mejor manera. Pero cuando un hotel se encuentra a su máxima ocupación, es más probable que ocurran pequeños contratiempos; desde largas esperas para que sirvan tu orden en el restaurante, hasta sobrecupos que te dejen sin un lugar donde dormir.

Lo anterior, sumado a las aglomeraciones que se registran en prácticamente todos los puntos de interés turístico durante las temporadas altas tiene un efecto negativo en la calidad del viaje. Tienes que hacer largas filas para poder entrar a un museo, pelear por unos centímetros de arena en la playa o madrugar si quieres alcanzar una sesión en el spa. Pronto empiezas a sentirte tan nervioso, apresurado y desgastado como cuando tienes que ir todos los días a la oficina.

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Claro que este escenario no se reproduce de manera tan drástica en todos los destinos. Puedes contar con que la mayoría de las playas estén abarrotadas en temporada alta (digo la mayoría, porque todavía quedan muchos kilómetros de costa que aún no llegan al conocimiento del gran público y en los que, no obstante, existe una modesta pero agradable infraestructura turística). En cambio, hay zonas boscosas, ciudades y pueblos llenos de encanto que, por no ser tan populares, reciben menos visitantes y se pueden disfrutar con tranquilidad, incluso en temporada alta.

Pero si tienes la oportunidad de tomar tus días de descanso en otras fechas, cuando la euforia vacacional esté aplacada, te garantizo que disfrutarás de tu viaje. Las principales ventajas que tendrás son:

  • Mejores precios. Ya lo dice la ley de la oferta y la demanda, cuando disminuye el interés por determinados productos o servicios, los precios también bajan y en la industria turística, esto se nota de manera extraordinaria.
  • Mayor nivel de calidad. El personal del hotel no tendrá pretexto para no atenderte a cuerpo de rey, cuando eres uno de los pocos huéspedes. Lo mismo sucederá con el resto de las atracciones turísticas, en las que tampoco tendrás que batallar tanto con las multitudes y las filas.
  • Tranquilidad y auténtico descanso. Habrá lugares en los que te parecerá que tienes la playa, el bosque o el pueblo entero solo para ti. No tendrás que apresurarte para alcanzar un lugar o un turno y si te da por madrugar, que sea sólo para disfrutar de una puesta de sol.

Manual para tus viajes de shopping

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Comprar es algo que hacemos en todos o la mayoría de los viajes, por más austeros que tratemos de ser. Por lo menos habrá que “hacer por la vida” y adquirir víveres para preparar nuestros sagrados alimentos.

Si se trata de una travesía ecoturística, bien se puede presentar la ocasión de comprar productos orgánicos o artesanías elaboradas por los pobladores de la región. Y si durante la excursión no hay tiempo, ganas o condiciones para ir de shopping, no es raro que aprovechemos la espera en los aeropuertos o terminales para comprar un obsequio, recuerdo o revista para pasar el rato.

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En resumen, tenemos que al viajar siempre hay gastos y no pocos imprevistos. De ahí la importancia de llevar una cantidad de dinero extra, para lo que se pueda ofrecer.

Pero también podemos hablar de los viajes de shopping, aquellos que se hacen con el propósito específico de comprar productos de una categoría especial, como ropa, tecnología o antigüedades. Por lo general, los destinos de este tipo de viajes son ciudades que destacan por el tamaño y variedad de sus centros comerciales, así como por las ofertas que se hallan en ellos.

También hay temporadas especialmente favorables para los amantes de las compras. El fin de año y el verano son temporadas altas en la industria turística y los ahorradores aconsejan huir de ellas; pero quienes gustan de viajar en esas fechas o no tienen más opción que hacerlo, pueden beneficiarse con las excelentes rebajas que hacen las tiendas en la mayoría de las ciudades europeas y en los Estados Unidos.

El tan imitado y jamás igualado Black Friday es otra época ideal para sacar las tarjetas de crédito y dar rienda suelta a la pasión por las compras. viajes-shopping2Lo cierto es que las tiendas, outlets y centros comerciales norteamericanos hacen ofertas que difícilmente se comparan con las de otros países en los que se ha tratado de reproducir la estrategia de ventas pre-navideñas y por todo lo que se puede ahorrar en la compra de ropa, accesorios y productos tecnológicos, bien valen la pena los gastos del viaje.

Tengo una amiga que cada año viaja a Las Vegas en el Black Friday, para actualizar su guardarropa y comprar todos sus obsequios de navidad. Con su ayuda he podido elaborar este breve manual, para que tus viajes de shopping no se vean nublados por cuestiones como el exceso de equipaje o los impuestos aduanales.

  1. Viaja ligero

Si tu prioridad es comprar y por tanto sabes que regresarás con más equipaje del que llevas, procura no excederte a la hora de empacar. Lleva sólo las mudas de ropa indispensables y de acuerdo con la época del año.

  1. Evita cargos adicionales

Si lo que piensas comprar podría exceder el límite de equipaje autorizado por la aerolínea, considera opciones como pagar por adelantado la pieza extra (suele ser más barato con algunas aerolíneas económicas) o, como hace mi amiga, buscar envíos de USA a México (o del lugar que visitas a tu país de origen); esto último también puede ser más barato que los cargos de último minuto en el aeropuerto y además te ahorra contratiempos con la seguridad del aeropuerto o la aduana.

  1. Retira etiquetas

Artículos nuevos y en su empaque original, como ropa, juguetes, perfumes, licores y aparatos tecnológicos pueden generar impuestos, ya que se consideran como una importación. Para evitar ese gasto extra, y especialmente si regresarás con las maletas llenas de compras, retira las etiquetas de la ropa y los empaques de los productos, así se confundirán con tus artículos personales.

  1. Revisa si hay restricciones o artículos prohibidos

Cada país tiene lineamientos y restricciones en cuanto a lo que se puede ingresar al llegar de un viaje. Revisa las condiciones vigentes en tu país, para que no pierdas tus mercancías. También considera los artículos prohibidos en el equipaje de cabina, para que los guardes en la maleta documentada.

  1. Asegura tus adquisiciones

Esto aplica especialmente a los aparatos tecnológicos. Si tienes la opción de hacer un pago adicional para extender la garantía o asegurar tu compra contra pérdida o robo, evalúa bien los costos y considera la opción de hacerlo.

Nuestra travesía

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A decir verdad, ninguna playa, o casi ninguna, se compara en belleza natural con las playas que tenemos en México, ya que la belleza natural en este país es verdaderamente fuera de serie. La calidad de nuestra arena y la belleza de los colores de nuestro mar, en verdad parecen ser de otro lado muy lejano al mundo terrenal.

La razón por la que digo esto con toda convicción es porque conozco muchas, o más bien, la mayoría de las playas en el mundo; es por esto que tengo un suelo fértil de donde mis opiniones puedan salir.

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El año pasado, un grupo de amigos y yo decidimos utilizar verdaderamente un barco, que compramos entre varios de nosotros para darle la vuelta al mundo y conocer muchas de las playas de nuestro querido mundo.

Zarpamos del puerto de Acapulco, después de pasar tres días ahí afinando las últimas preparaciones de nuestro gran viaje.

Salimos de la bahía de Pichilingue; poco tiempo después, entrando a mar abierto, donde tornamos la nave hacia el suroeste a buen paso, a modo de llegar hasta las aguas del canal de Panamá, para cruzar aquel legendario estrecho que ha facilitado las rutas de muchísimas embarcaciones, a modo de poder cruzar del océano Pacifico (de Pacífico no tiene nada) al Atlántico, donde habríamos de recorrer todo el perímetro del  mar Caribe, cuyas hermosas aguas simplemente me recordaban a las aguas de nuestra gran Riviera Maya; para mí, en cuanto a playas se refiere, es el lugar más hermoso del mundo entero.

De ahí zarpamos hacia el noreste, a un paso normal pero constante, durante un tiempo de tres semanas, que fue el tiempo que nos tomó cruzar el legendario y profundo océano Atlántico.

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Durante nuestra travesía por aquella ruta tuvimos constantes visitantes; más que nada, grupos de delfines, quienes parecen disfrutar al cerciorarse que su velocidad es mucho mayor a la de los barcos, dando un gran concierto de acrobacias a la misma vez y mostrando su gran inteligencia.

Me gustaba mucho sentarme en los comedores de mármol de la embarcación por horas enteras, a ver a estos maravillosos animales demostrar sus habilidades.

Al haber cruzado el Atlántico, dimos un giro un poco más brusco hacia el norte y utilizamos velocidades un poco mayores, a modo de hacer frente a un par de corrientes capaces de sacar a cualquier embarcación de curso y perderla  a la merced del gran océano.

De este modo, rodeamos las costas de las islas británicas, hasta llegar las islas Shetland, donde pasamos un par de días antes de bajar hacia el sur, sobre las aguas del Mar del Norte, hasta llegar como un gran gancho hacia las aguas del Canal de la Mancha, donde nos apegamos hacia la costa norte de Francia, contemplando  todos los hermosos pueblos que ahí se posan, incluyendo los puntos donde los aliados desembarcaron en la segunda guerra mundial, cuando liberaron a Europa del terror Nazi.

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De este modo y con este mismo método, continuamos por toda la costa oeste de Francia y España, hasta cruzar por el estrecho de Gibraltar, para entrar a las aguas del mar Mediterráneo, donde visitamos pequeñas islas francesas, italianas, griegas y finalmente, hasta llegar las costas croatas.

Para nuestro regreso, bajamos por el Mediterráneo, tomando las aguas del gran canal de Suez, lo que nos sacó al mar Rojo y subsecuentemente al Golfo Pérsico, sobre el cual navegamos hasta las costas sudafricanas para tomar el norte y hacer una parada en la isla portuguesa de Madeira.

Después de una semana en aquella isla, regresamos por el Atlántico hasta llegar al puerto de Veracruz.

Cuando tu lengua madre es el inglés

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Es ampliamente sabido que  aquel que es bilingüe o trilingüe tiene muchas más oportunidades de escalar los montes de adversidad profesional, social y económica, debido a que sus oídos pueden llegar mucho más lejos y a niveles mucho más profundos que aquellos quienes hablan solo un idioma.

Todos sabemos que el no saber inglés es un error garrafal en el día a día de nuestros tiempos, y que si no sabemos, tenemos que aprender esta lengua, aunque sea por medio de unos cursos de inglés en línea.

Sin embargo, ¿qué sucede cuando nuestra lengua materna es el inglés?

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Cuando nuestra lengua materna es el inglés, significa que hablamos el lenguaje universal y podemos esperar que a cualquier lugar donde sea que vayamos, tendremos una gran oportunidad de ser entendidos, debido a que los habitantes de todos los países, reinos y naciones deben aprender nuestra lengua para aspirar a estar al mismo nivel o más alto que las otras naciones del mundo.

Cuando tu lengua madre es el inglés tienes la certeza de poder estudiar cualquier carrera profesional que quieras y en el lugar del mundo que prefieras, ya que lo más seguro es que en ese país tengan una universidad que habla tu idioma de una manera parcial o total, ya que es una completa necesidad para los estudiantes de ese país hablar y conocer bien tu lengua.

Cuando tu lengua madre es el inglés puedes estar seguro de que la mayoría de los países del mundo (incluyendo China) entenderá cualquier producto que saques al aire, sin tener ninguna necesidad primordial de hacer ningún tipo de traducción a ningún otro idioma ya que, debido a la alta influencia de tu lengua, te puedes dar el lujo de esperar con un grado muy alto de certeza que la mayoría entienda tu producto.

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Cuando tu lengua madre es el inglés, sabrás muy bien que las películas, series y programas de televisión que tu ves, son probablemente las mismas películas, series y programas de televisión que el mundo entero ve, por lo que siempre tendrás un tema de conversación asegurado con muchas personas de las que conozcas, además de tener inmediatamente posibles intereses en común, algo que siempre es fructífero al cocinar cualquier tipo de relación.

Cuando tu lengua madre es el inglés, podrás tener una llave hacia muchos diferentes mundos y culturas alrededor del mundo, ya que el cerrajero de todas esas puertas es tu país, por lo que la búsqueda será mucho más placentera y armónica, al saber que contarás con muchos menos problemas que los que podrías tener si tus circunstancias fueran  en un momento dado otras, como lo son en la mayor parte del mundo.

Cuando tu lengua madre es el inglés podrás tener una gran posibilidad que a cualquier país civilizado donde vayas, tendrán un sistema y un aparato político muy parecido al que tienes tu en casa, lo que te hará entender las cosas mucho mejor y de una manera mucho más profunda.